EL MATRIMONIO ENTRE HOMOSEXUALES

Quizá hubiera debido titular este escrito “Sobre el respeto hacia el prójimo”, pero seguramente hubiera despertado menor interés, suponiendo que este provoque alguno, teniendo en cuenta que esa actitud hacia los demás, la más importante que existe, no parece preocupar a la mayor parte de quienes han opinado últimamente sobre este y otros temas.
El motivo de que me decida a poner por escrito algo que, desde hace mucho tiempo, tengo muy claro, es la cantidad de amigos y conocidos que me han preguntado sobre este asunto, suponiendo que - desde mi personal forma de pensar – no podría responder sin comprometerme en uno u otro sentido. E inspirado por un familiar que – tras romperse un brazo – hizo una circular en la que exponía con todo detalle lo que le había ocurrido y en qué circunstancias, circular que extraía de una carpeta y entregaba a todo el que le preguntaba por su brazo escayolado, voy a poner en “Internet”, o sea en el Mundo (que puede ser de unas docenas de personas, según quien “pinche”) una explicación para responder al próximo que me pregunte dándole la dirección de la página.
Hace muchos años, cuando se legalizó el matrimonio civil, no me gustó que se llamara “matrimonio”, aun cuando era la tendencia general en el mundo, porque era una palabra que – aunque no había sido inventada ni era patrimonio de las religiones – algunas de ellas como la católica la había adoptado como uno de sus símbolos o ritos. Para la Iglesia, el matrimonio es un sacramento, como lo es el bautismo, la confirmación, la extremaunción, la comunión, etc. ¿Qué necesidad teníamos de adoptar un elemento de la simbología cristiana cuando había muchos otros nombres para utilizar y cuando, para otras cosas - no olvidemos el “juro” y el “prometo” - nos queríamos hacer más laicos? Y es que en el caso del matrimonio no nos podíamos, psicológicamente, librar de la carga de infamia que llevaba la unión extramarital, que automáticamente etiquetaba a la mujer (no al hombre) que la realizaba. Había que “santificar” la unión civil para que, tanto los interesados como los de su entorno familiar, no se sintieran demonizados y señalados con el dedo. Se adoptó una postura burguesa, impropia de una mente liberal y se hizo un malabarismo dialéctico buscando “respetabilidad”. Pero no nos engañemos, para la Iglesia, los matrimonios civiles entre heterosexuales tienen el mismo valor que entre homosexuales. Es decir, ninguno. Ahora, además, el término se ha quedado pequeño e inapropiado para las necesidades actuales y también para las futuras.
Pero la auténtica respetabilidad procede del comportamiento y del respeto hacia los demás. No de las palabras. No se respeta más a la mujer porque se utilice el símbolo arroba ((@) o porque se deforme el castellano con los “os” y las “as”. Y a propósito de ello, propongo a quien adopte esta forma de expresarse que diga “ciudadanas y ciudadanos” y no al revés, ya que antes se decía “señoras y caballeros”. A la mujer se la respeta considerándola igual (yo siempre he pensado que era superior), no discriminándola, pagándole idénticos salarios por idéntica función, permitiéndole jugar en los campeonatos de balonmano – lo digo por la vergonzosa exclusión de María de Ponga, campeona de Asturias infantil –, y no valorando de forma diferente los comportamientos, según vengan de un “macho” o de una “hembra”.
Con el matrimonio entre homosexuales se han disparado las faltas de respeto. Entre una y otra parte. Pero es que – como ya he dicho anteriormente - denominar matrimonio a una unión civil entre quien sea, es una interferencia con un rito religioso. A nadie se le ocurre denominar “primeras comuniones civiles” a las fiestas que sustituyen a esta tradicional celebración. Los ritos están muy arraigados en el sentimiento de las personas y no hay por que atacarlos de forma gratuita. Porque es un comportamiento innecesario, como el reciente tema de las coronas de espina. En ese caso concreto, estúpido además de innecesario. Seguro que no hubieran faltado el respeto al Islam con una burla sobre, por ejemplo, el Corán.
Y del matrimonio entre homosexuales que queda decir… Pues que tienen el mismo derecho a unirse que los heterosexuales y de idéntica forma. El problema viene de antes, de la institucionalización del “matrimonio civil”. La pena es que también este recién incorporado colectivo haya derivado hacia la postura burguesa, porque hasta ahora habían sido consecuentes con un estilo de vida libre y sin ataduras. Veo mucho más útil y coherente la lucha de los homosexuales católicos, que tienen verdaderos conflictos de conciencia, por su aceptación plena dentro de la Iglesia sin tener que renunciar a su opción sexual. Aunque el esfuerzo tarde mil años en fructificar.
Cuando llegue el momento en que se reivindique la milenaria tradición de la poligamia (o poliandria, en menor medida), que llegará tarde o temprano, diré lo mismo que estoy diciendo ahora. Si es que para entonces vivo.
Ya estoy acostumbrado a que mi forma de ver las cosas no deje contento a nadie. Pero lo que más me importa es no haber faltado al respeto debido. Si no es así, es que me equivocado y ruego que me corrijan. Lo demás, las opiniones y las creencias, son libres.
