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Si consiguen mirar un poco al fondo de la foto, por detrás de Santa María se ve cómo era La Fortaleza hace... ¿cincuenta años?
Era la época de los guateques, de la revelación de Paco Hernández, de la lucha de Evaristo Guerra por canalizar el fuego que le consumía y convertirse en lo que hoy es, del amor desesperado que abrió el alma de poeta de Joaquín Lobato, de las estrategias para jugar al ajedrez con Cazorla en la Peña, de los atardeceres en los Baños de Octavio, de los paseos al "Santo Chiquito" , de los cines de verano, de la "europeización" de Antonio Jiménez, de los esfuerzos agónicos de Berjillos por volver a sentirse libre, de las memorables noches en el mesón de José Luis Conde, de las más maravillosas ferias del mundo (ninguna otra me ha hecho jamás sentir lo mismo). Era la época de Los Cinco Latinos, Los Platters, Paul Anka, Elvis Prestley, Pérez Prado, Gloria Lasso... La época en la que por la noche aún se veían brillar las estrellas desde algunos de los bancos del Paseo Viejo, en la que desde esos mismos bancos se podía oír el silencio, una vez que los niños del "Hogar" se habían ido a dormir. La época en que descubrí, por casualidad, a Neruda y a Miguel Hernández, hasta entonces desconocidos para mí. Miguiña estaba a punto de morir, o había muerto ya. Y María Zambrano aún no había nacido para la mayoría de los veleños. Y era también los años en que nuestro genial Evaristo pintó un cuadro muy especial para mí
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