lunes, diciembre 24, 2007

Cuando la Fortaleza era así



Si consiguen mirar un poco al fondo de la foto, por detrás de Santa María, se ve cómo era La Fortaleza hace... muchos años...

También era la época de los guateques, de la revelación de Paco Hernández, de la lucha de Evaristo Guerra por canalizar el fuego que le consumía y convertirse en lo que hoy es, del amor abrasador que abrió el alma de poeta de Joaquín Lobato, de las estrategias para conseguir jugar al ajedrez con Cazorla en la Peña, de los atardeceres en los Baños de Octavio, de los paseos al “Santo Chiquito”, de los cines de verano, de la “europeización” de Antonio Jiménez, de los esfuerzos agónicos de Berjillos por volver a sentirse libre, de las memorables noches en el mesón de José Luis Conde, de las más maravillosas ferias del mundo (ninguna otra me ha hecho jamás sentir lo mismo).

Era la época de Los Cinco Latinos, Los Platters, Paul Anka, Elvis Prestley, Pérez Prado, Gloria Lasso...

La época en la que por la noche aún se veían brillar las estrellas desde algunos de los bancos del Paseo Viejo, cuando desde esos mismos bancos se podía oír el silencio, una vez que los niños del “Hogar” se habían ido a dormir.

La época en que descubrí, por casualidad, a Neruda y a Miguel Hernández, hasta entonces desconocidos para mí.

Miguiña estaba a punto de morir, o había muerto ya. Y María Zambrano aún no había "nacido" para la mayoría de los veleños.

Era la época en que nuestro genial Evaristo pintó un cuadro de un significado muy especial para mí

lunes, mayo 07, 2007

La nueva esperanza de Europa



No recuerdo haber vivido de cerca, desde que en 1983 Felipe González ganó las elecciones, un proceso electoral tan intenso como el que ha elevado a Nicolás Sarkozy a la Presidencia de Francia. En ambas ocasiones, la esperanza de un cambio radical fue y ha sido el elemento preponderante en el ánimo de la mayor parte de los votantes. En el primer caso, la esperanza de consolidar una democracia aún amenazada y el deseo de llevar la apertura de ideas, del terreno estrictamente legal, al normal y diario de la calle. Ayer, la de que alguien reconduzca una sociedad que se preocupa mucho más por los derechos que por las obligaciones. Una sociedad desbordada y casi en quiebra por el “estado del bienestar”.


El ciudadano maduro, no afiliado, vota en función de las necesidades y de los peligros que detecta. Nosotros, en menos de un año, tendremos que plantearnos averiguar si hay un líder que puede devolvernos ese empuje que envió ayer a los franceses, masivamente, a las urnas.

viernes, marzo 30, 2007

A mal tiempo, buena cara



En estos momentos de crispación, “prebélicos” según alguna manifestación reciente, imagino que de todos conocida, creo que lo que menos falta hace es incrementar la inmensa legión de “politólogos” que nos turban la paz de cada día.

Antes solía desayunar leyendo el periódico. Después, oyendo la radio y ahora, mirando las tareas del día que aún no he delegado, a ver a quien se las endoso.

Los últimos sábados he cambiado mis costumbres y, como suelo estar en Vélez, me acerco a comer tejeringos. Bueno, ahora son un poco diferentes y se llaman churros, pero según me dijo una bruja local (todavía quedan), de la observación de la espumilla que hacen al freír se puede deducir el futuro. ¿A que no lo sabían?

Yo hasta ahora no he adivinado nada, pero los churros están de muerte.

domingo, febrero 25, 2007

Alarma Social


Es éste un término del que, hoy en día, se abusa con bastante reiteración. Cada vez que alguien quiere ALERTAR de un peligro más o menos probable, siempre hay "otro alguien" que dice que se está provocando "alarma social"

Si el peligro se materializa sin que se haya avisado de forma inequívoca, es decir, sin haber evitado que haya la más mínima confusión, y si hay muertos o heridos como consecuencia de ello, esto es lo que nos debería producir ese sentimiento de alarma. Que quienes tienen - de alguna u otra forma - conocimiento cierto de un riesgo no lo divulguen de la manera más eficaz posible.

España es un país en el que pecamos por defecto en las señalizaciones. Damos por supuesto que las personas son adivinas o que van a reaccionar con los reflejos de un piloto de "Fórmula 1" ante avisos que nos llegan demasiado tarde. Luego decimos que se meten por direcciones prohibidas o que no respetan las señales de tráfico.

Los que estamos bastantes concienciados con el término "prevención" no entendemos como aún no se ha extendido este sentimiento en todo el sector público.

Como una imagen vale más que mil palabras, en este caso incluimos cuatro:





Domingo, 9,40 de la mañana. Un automovilista se acerca a la rotonda para cruzar al otro lado. Como por la izquierda no vienen coches, no para y sigue. El sol le da de frente. No ve ninguna señal luminosa roja.




Un tranvía de reciente instalación se acerca. De momento lo tapan los árboles. Se ve un poco. La foto presenta los mismos deslumbramientos que los ojos de las personas.



El tranvía sigue su camino. Ya se ve, ligeramente y a contraluz, el semáforo rojo.





El automovilista ha conseguido parar a tiempo... esta vez. El proceso ha durado menos de cinco segundos.

domingo, febrero 11, 2007

¿Son también reaccionarios?



Creo que, en los tiempos que corren, puedo decir que soy afortunado por no haber perdido a nadie víctima del terrorismo. Me pongo en la piel de quienes sí han sufrido esta desgracia o de aquellos que han sido, ellos mismos, alcanzados por el terror indiscriminado. Sin embargo, veo que este colectivo es tratado ahora, por algunos, como un grupo de presión que trata de “crispar” a la sociedad. Casi como una formación política alineada frente a quienes quieren que se calle. Hasta ahora sólo se culpabilizaba a partidos reales por su presunta manipulación de las víctimas. En este momento son las propias víctimas las que son tachadas de intolerantes, beligerantes y hasta crueles. Mañana… mañana puede que lleguen a tener que ocultar su condición para no verse discriminados o apartados por su delito de situarse imprudentemente cerca de donde ocurrían lamentables “accidentes".

Comprendo que son molestas. Que no se las puede esconder ni amordazar… ¿Qué olviden? ¿Qué perdonen? Es probable que algunos hayan perdonado por motivos religiosos, a fin de no sufrir otra condena más temible, la del infierno… Pero dejémonos de pamplinas y lavados de cerebro. Lo normal, lo lógico, lo natural es odiar a quienes te hicieron de forma gratuita un daño irreparable. Odiar a muerte. Lo contrario raya en lo enfermizo.

Por eso no se puede pedir a quienes fueron masacrados que aplaudan el deseo de perdón y de olvido de esas acciones por parte de otros que ni imaginan cómo sucedieron. Que – como algunos líderes religiosos – pretendan no sólo que perdonen sino que, además, olviden que quien en estos momentos está lanzando un chantaje con su huelga de hambre es un asesino múltiple orgulloso de serlo.

Amnistía Internacional lo ha tenido muy claro. Ha visto demasiada sangre y demasiada hambre forzada como para hacer el juego a quien quiere presentar la voluntaria como una tortura. El suicidio es un derecho individual. Hasta ahí ha llegado. Mi más profundo respeto a esa Institución, cuya impecable trayectoria siempre he admirado.

domingo, diciembre 24, 2006

¡Señora, no me toque los belenes!


Foto: Belén instalado en la Grand Place de Bruselas.
Tras regresar de un viaje y repasar las noticias nacionales atrasadas me he encontrado con dos de gran impacto, a pesar de su escasa importancia. Y las dos, de alguna manera, relacionadas entre sí por afectar a nuestras tradiciones. La de más calado fue la opinión de la ministra de Medioambiente, Cristina Narbona, sobre la muerte de los toros, que prefiere que se realice una vez acabada la corrida y con el mismo anonimato con que hasta hace bien poco se llevaba a cabo el garrote vil, por cierto, invento español. La ministra quiere degradar al toro con una muerte también vil, con puntilla, en lugar de permitir que lo haga teniendo la oportunidad, aunque pequeña, de llevarse por delante al torero.

Otra ha sido la genialidad de una directora de un colegio de Mijas que ha destrozado la actividad de unos alumnos y sus materiales al desmontarles, con nocturnidad y alevosía, el belén que habían elaborado, con dinero de su propio bolsillo, como parte de una actividad escolar. No voy a entrar a juzgar estas posturas. Sólo puedo hablar de la “percepción” que ha habido de ellas, elemento indisolublemente unido a la calidad y que no implica calificación, sino apreciación personal. Pues bien, creo que lo que la inmensa mayoría de la gente ha percibido es que, en el primer caso, la ministra hubiera estado más guapa callada y que, en el segundo, la directora del colegio es rematadamente imbécil.

No obstante, lo que quiero destacar del caso es que estas noticias han dado pie a que sienta algo de más simpatía por dos personajes: Gaspar Llamazares y Hugo Chaves. El primero consideró que atentar contra nuestra fiesta era hacer el caldo gordo a las continuas críticas de los anglosajones. El segundo, simplemente, ha tenido el buen gusto de sustituir a Papá Noel – símbolo imperialista - por un pesebre.

¿No serán acaso la ministra y la maestra agentes secretas de Bush?

martes, octubre 24, 2006

La Virgen de los Remedios y los petardos


Foto: Fragmento de los frescos "Ermita de la Virgen de los Remedios", Vélez-Málaga, del insigne pintor Evaristo Guerra, orgullo de España.


Las alertas de “google” que tengo activadas me trajeron ayer una noticia publicada en pasiondigital.org: que la Virgen de los Remedios “bajó este domingo en procesión desde su ermita situada en el cerro de San Cristóbal hasta la Iglesia de San Juan donde permanecerá hasta el segundo domingo de Noviembre cuando volverá a ser procesionada por las calles de la ciudad y posteriormente subirá de nuevo a su ermita.”

Al final de la noticia había un comentario de “Un ciudadano que quiere dormir la siesta en domingo” diciendo que “Me parece una catetería y una agresión medioambiental que con este motivo tengan que atronar el pueblo con grandes petardos”.

Así me enteré de la causa de que yo tampoco la hubiera podido dormir. El tema de los petardos evidentemente está en relación con el grado de subdesarrollo, no económico sino cultural, de los pueblos. Yo no estoy en contra de las tradiciones, sino en contra de la libertad de opción. Respeto las corridas de toros, los Sanfermines y hasta las Tamborradas, suponiendo que todos los habitantes de la ciudad correspondiente estén de acuerdo con estas últimas. No estoy a favor de tirar la cabra desde un campanario por razones obvias, un maltrato animal de “tonto de pueblo”. En esa tradición, ya afortunadamente prohibida, a diferencia de en los toros no hay arte, ni creación de riqueza, ni producto turistico… Además, las cabras no tienen su existencia supeditada al mantenimiento de esa estúpida y cruel tradición. Pero tampoco me voy a echar a la calle para defender la fiesta nacional.

El tema de los petardos es más molesto. No sólo priva del ejercicio de otra tradición, la de la siesta, muy beneficiosa según se ha demostrado por reputados científicos, sino que crea “daños colaterales”. Muchos de los perros que no son de caza se asustan y se vuelven agresivos. En la anterior “bajada” de la Virgen, cuando a las cuatro de la tarde de otro domingo me levanté de bastante mal humor, observé como el perro de mi cuñada se había metido detrás de la torre de mi ordenador. Al tratar de sacarlo, más por evitar daños al equipo que porque se electrocutara el perro (esto hubiera sido algo que agradecer a los petardos), el hijo de su madre me mordió en una mano, a consecuencia de lo cual hube de ser atendido en urgencias. Y ya se sabe, la antitetánica y lucha para evitar la antirrábica. Por el contrario, los perros de caza se excitan y reclaman salir a “pegar tiros”.

Otras de las consecuencias más graves de los petardos es el estrés que provocan en muchas personas, sobre todo entre aquellas que en algún momento de su vida han vivido en países en guerra o donde los atentados eran moneda común. Les aseguro que yo que lo he vivido en primera persona no consigo desprenderme de esa sensación que se te graba en tu subconsciente de manera permanente, a pesar de que no soy especialmente sensible. Pero conozco a muchos, la mayor parte extranjeros, a los que les sobreviene una crisis de ansiedad incontrolada. Y es que, en un mundo agitado por el terrorismo, hay que ir despejando el ambiente de estímulos que se asemejen a los de las bombas. No hagamos que se relacione a la Virgen de los Remedios con la polución acústica, porque entonces inevitablemente concitaría la antipatía de muchos. Y la Virgen imagino que no es la que organiza todo ese escándalo.