HomeDeportesMe alegro por Florentino

Raúl González, el eurogigante

Foto: orange.es

Ya han perdido la Liga. Y espero que también se vean privados de la Copa y del título de la Champions. No me imaginaba yo, cuando Fernando Hierro jugaba en el Madrid, que me encontraría siete años después deseando que el Barcelona se hiciera con los dos títulos españoles y que un oscuro equipo alemán, el Schalke 04, sacado del anonimato por obra y gracia de otro insigne defenestrado, el eurogigante Raúl, como le denominó  el diario alemán “Bild”, alzara la Copa de Europa. Esos son mis deseos y se los debo íntegramente a Florentino Pérez. Aunque al sueño  haya podido contribuir también ese portugués que dicen que es el mejor entrenador del mundo.

Y es que Florentino, al que mencioné en su día en una de esas cosas que llaman “post”, se ha empeñado en obtener resultados a base de talonario, dejando de lado los principios, la lealtad,  y el reconocimiento para quienes los pueden – los pudieron – hacer posible, castrando con ello las nobles motivaciones de los que se quedan, y dejándoles como únicos estímulos el miedo y la codicia.

Es por eso que, aun siendo madridista desde mi niñez, espero que este año se vayan de vacío, a ver si el exitoso constructor se vuelve a sus ladrillos, a crear unos pocos honrados puestos de trabajo. De esa forma muchos aficionados nos sentiríamos un poco vengados por toda la gente honesta y competente que ha ido dejando en la cuneta, según él por inservibles o críticos, mientras perseguía quimeras y volutas de humo. Su incompetencia al no reconocer valores – cuestiones éticas aparte – ya se ha puesto sobradamente de manifiesto y sólo espero que los hechos futuros terminen de convencer a quienes aún no lo están del todo.

En lo del Barcelona, nada fuera del equipo me anima a sentir así. Sólo la normalidad y la elegancia que desprende Guardiola, así como la profesionalidad y el buen hacer de algunos de sus jugadores. Creo que su entorno natural no los merece, y mucho menos esos políticos a los que no se les entiende cuando hablan y menos aún cuando actúan. Un enjambre que el grupo de deportistas mantiene a raya y alejado del terreno de juego. Afortunadamente, Guardiola calla a los patosos, gracias a lo cual ha conseguido conquistar a buena parte de la afición de España. A mí, por lo menos.


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